“No me duele ser autista. Me duele cómo se me trata por serlo” – Testimonio de Marcel Beltrán, adolescente con autismo
En este artículo, compartimos el impactante testimonio de Marcel Beltrán Castro, un joven de 18 años diagnosticado con TEA grado 1, anteriormente conocido como síndrome de Asperger. Su relato no solo refleja la lucha interna de muchos adolescentes con autismo, sino también los desafíos sociales que enfrentan al intentar ser ellos mismos en un mundo que no siempre los comprende.
Una lectura imprescindible para profesionales de la salud, educadores, familias y toda persona interesada en comprender mejor la neurodiversidad.
-
¿Cómo describirías el día a día de un niño/adolescente autista?
Soy Marcel Beltrán Castro, una persona autista de grado 1, lo que muchos conocen como Asperger. Este testimonio lo comparto desde mi experiencia, con total sinceridad, sin intentar suavizar lo que siento ni embellecer lo que he vivido. Mi día a día se parece más a una lucha silenciosa que a una vida tranquila. No sé bien contra qué lucho, si contra los demás, contra el mundo, o contra mí mismo, pero sí sé que no hay descanso. Intento encajar, contener lo que soy, porque ser yo tal cual soy no siempre es aceptado. Y eso cansa. Mucho. -
¿Alguna vez has sentido que la sociedad te excluye? ¿Cómo? ¿Qué puedes hacer contra ello?
A raíz de esta lucha constante, no es raro que me haya sentido excluido por la sociedad en múltiples ocasiones. No porque no quiera relacionarme, sino porque me cuesta, y eso se malinterpreta. Se asume que no tengo interés en los demás, cuando en realidad tengo un cariño enorme por las personas, pero me cuesta expresarlo. A menudo, se parte de que soy yo quien está equivocado, solo por ver las cosas de forma distinta. Lo que más me gustaría es que nuestra forma de ver el mundo fuera entendida como eso: diferente, no incorrecta. -
¿Qué consejo le darías a adolescentes de tu edad que padecen autismo y han perdido la ilusión de luchar por sus sueños por su condición o «el qué dirán» de la sociedad? ¿Y a los padres?
Desde esta experiencia, quiero aclarar que no creo que “padezca” autismo. Lo que realmente me duele no es ser autista, sino cómo se me trata por serlo. A otros adolescentes como yo les diría que su vida vale la pena, aunque sea más difícil. Que sus sueños importan y que no deben permitir que nadie, ni siquiera la sociedad, les diga qué pueden o no pueden lograr. Yo mismo tuve que creer en mí cuando nadie más lo hacía, y eso cambió mi vida.
A los padres les diría que apoyen a sus hijos, que crean en ellos, que los escuchen y respeten su ritmo. No podemos solos, necesitamos sentir que, al menos en casa, no estamos en guerra. -
Por último, ¿cómo has conseguido aceptarte y llegar hasta el día de hoy a ser quién eres?
Como resultado de todo este camino, aceptarme fue complicado. Tuve que entender que el mundo no está hecho para mí, y aunque eso pueda sonar triste, fue más liberador que seguir negándolo. Preferí vivir siendo quien soy con dignidad, que esconderme y vivir con vergüenza. Hoy sé que mis diferencias no me hacen menos; son parte de mí. Y vivir con honor lo que uno es… es la clave para poder valorarse de verdad.
Con este testimonio, Marcel nos recuerda que el autismo no debe ser visto como un obstáculo, sino como una forma distinta de percibir el mundo. Una diferencia que merece ser comprendida y respetada. Porque lo que verdaderamente duele —como él mismo afirma— «no es ser autista, sino no poder ser uno mismo en paz».
¿Conoces a un adolescente que podría beneficiarse de un entorno terapéutico que lo respete y valore tal como es?
Descubre cómo en e-therapykids.





